Blogia

laturanomelaponedura

KELISTOSOY

Acabo de terminar el libro de Jaynes, es absolutamente fabuloso y lo recomiendo fervientemente ya que más allá de compartirse su teoría principal o no, como ya dije es un libro bien escrito y toca inumerables aspectos de la psicología, la neurociencia, la historia, la sociología, la religión…..

El motivo de leer ese libro con este título tan brutal, lo recuerdo: El origen de la conciencia en la ruptura de la mente bicameral, es mi interés por la singularidad tecnológica.

Consideré que para teorizar o entender cómo puede surgir una consciencia y generar una singularidad tecnológica debía primero enterarme de qué teorías existen acerca del surgimiento de la consciencia (o conciencia que en esto no se ponen de acuerdo) en el Ser Humano.

Ahora, por coherencia, estoy leyendo el no menos interesante (aunque mucho peor escrito literariamente hablando)  La singularidad está cerca de Ray Kurzweil una vez lo acabe, y es muy gordo,  ya sacaré (o no) las conclusiones que procedan.

Pero mira tú por donde el libro de Jaynes me ha resuelto una serie de problemas personales que me traían un poco confuso y que básicamente son:

-      Imposibilidad de empatía con grupos (no así con personas individuales que suelo tener mucha).

 

-      Incapacidad para sentirme parte o identificarme con unidades mayores a mí mismo, léase, religión, Patria, ideología…..

 

-      Incapacidad para sentir emoción alguna con artes no verbales e incluso respecto a estas últimas, incapacidad para entender la poesía o emocionarme con ella.

 

…..

 

Pues bien, leyendo el libro de Jaynes acabo de darme cuenta que todas estas disfunciones o anomalías, TODAS,  tienen un mismo origen: en mi caso, por el motivo que sea, mi cerebro  ha abandonado casi total y absolutamente la bicameralidad siendo la preeminencia de mi hemisferio izquierdo casi absoluta respecto a la del derecho….

Dado que el abandono de la bicameralidad, siempre según Jaynes, es un rasgo evolutivo muy reciente, resulta ser que soy la hostia de evolucionado, es decir estoy más evolucionado que la media: KELISTOSOY jajajaja.

Es lo que tiene la psicología,  examinan a un chaval  más tonto que Abundio y le dicen a sus padres que es superdotado y que por eso no sigue las clases, un peligroso asesino en serie, alguien que tiene una percepción por encima de lo normal, y así siempre….

¡Pero mola mazo! jaja, ahora ya no soy rarito, estoy más evolucionado, ¡¡¡chuparos esa!!!!

NACIONALISMO Y RELIGIÓN

Dije hace unas cuantas reflexiones atrás que no iba a hablar nunca más de política y aunque el título sugiera lo contrario, no lo voy a hacer.

Siempre me he preguntado de donde sale ese sentimiento que tienen los nacionalistas, concretamente el sentido de Patria o de pertenencia a un grupo ya que yo carezco lamentablemente de él.

He descubierto el porqué de esta disfunción mía y de otras pero a ello me referiré en mi siguiente reflexión.

Respecto a este asunto en concreto, es decir las relaciones entre nacionalismo y religión, me he topado con este brevísimo ensayo:

http://www.fronterad.com/?q=nacionalismo-como-religi%C3%B3n

Lo recomiendo.

Destaco la última cita que desvela otra cosa que nunca he entendido, como compatibilizar el nacionalismo con la izquierda:

El nacionalismo, como cualquier otra religión, nos pide, no únicamente la voluntad, sino también el intelecto, la imaginación y las emociones. […] La nación resguarda a sus miembros de cualquier peligro externo; fomenta las artes y las ciencias en bien de ellos y los nutre y alimenta. […] Las personas indiferentes u hostiles a la religión pueden encontrar una satisfacción y una devoción que ocupe el lugar de aquélla en el nacionalismo terreno; es decir: en lo que viene a ser, en esencia, una religión del secularismo moderno. Solamente de esta manera puede explicarse que algunos puedan ser, simultáneamente, comunistas y nacionalistas”.

También se refiere a este asunto, aunque tangencialmente, Julian Jaynes en el fabuloso libro suyo que acabo de leer,  en términos parecidos aunque adaptados a la bicameralidad que sostiene, Jaynes va mucho más allá y vincula a esta búsqueda o añoranza de Dios (que para Jaynes no es más que las voces emanadas del hemisferio derecho del cerebro en la era bicameral) casi todas las ciencias y las artes, incluida la suya propia en un ejercicio de modestia y coherencia que le honra.

Pero a eso me referiré otro día…

CONCIENCIA HUMANA Y SINGULARIDAD TECNOLÓGICA

Seguramente, el asunto de la conciencia es uno de los misterios más grandes que existen, por no decir el mayor de todos ellos, si llegásemos a descubrir las preguntas básicas que plantea este problema probablemente daríamos un salto evolutivo sin precedentes.

Las preguntas básicas que se plantean son cuándo y cómo nace la conciencia exactamente en el Ser Humano, es decir ¿se trata de algo paulatino y que sea adquiere como una cualidad natural de la evolución o se adquiere “de golpe” en un momento dado?.

Si es una cualidad evolutiva ¿para qué sirve exactamente?, ya que desde un punto de vista estrictamente evolutivo probablemente de más problemas que beneficios.

Pero la pregunta que subyace en todo ello es cómo es posible que un ente inmaterial pueda interaccionar con la materia que es el cerebro y estrictamente, cómo los procesos físicos cerebrales dan lugar a la consciencia, cómo las descargas de millones de neuronas pueden producir la experiencia consciente, la experiencia subjetiva.

¿cómo podemos superar el abismo que separa lo objetivo y lo subjetivo, el cerebro y la experiencia consciente? Es un planteamiento muy parecido al planteamiento tradicional cuerpo/alma o mente/cerebro, que han discutido los filósofos desde hace más de 2.000 años. Y aún siguen discutiendo.

Desde mi modesto punto de vista, y al hilo de lo que comentaba en la reflexión llamada “vanidades” hemos de tener presente que esta cualidad  o habilidad del Ser Humano es extraordinariamente reciente por lo que es más que lógico que las dudas, preguntas o cuestiones que existen sobre la misma no puedan resolverse aún.

Estoy casi acabando el interesantísimo ensayo de Julian Jaynes llamado El Origen de la conciencia en la ruptura de la mente bicameral, tras ese apabullante título, se esconde un libro interesantísimo que aparte está extraordinariamente bien escrito incluso desde un punto de vista  puramente literario. 

La teoría que desgrana Jaynes, quien sitúa el nacimiento de la conciencia tal y como la conocemos no antes del 1000 AC podrá compartirse o no,  pero lo que es incuestionable es que incluso aunque su nacimiento fuera anterior estamos hablando de una habilidad extraordinariamente reciente en términos evolutivos.

En consecuencia,  difícilmente podemos contestar aún a las preguntas básicas del problema.

Pero a una de ellas estamos muy cerca de contestarla, ya hablé de ello hace tiempo y la verdad es que me parece algo apasionante.

Una de las controversias existentes acerca de cómo surge la conciencia radica en qué mientras hay quien sostiene que esta propiedad de la materia surgirá inevitable y espontáneamente en todo ser que tenga la suficiente capacidad para procesar información,   los hay que dicen que ello no es así y que la conciencia nada tiene que ver con la capacidad de procesar la información (ej. de la Habitación China del filósofo estadounidense John Searle).

Pero en lo que no existe controversia es en que hacia el año 2.029  las máquinas superarán al cerebro humano en capacidad de procesamiento, por tanto es obvio que durante los años posteriores podremos saber si es o no cierta una u otra teoría, ¿tomará una máquina de tabaco conciencia de sí misma?, lo veremos, será algo más que interesante para quienes lleguen a esa fecha.

Aunque quizás no haya que esperar tanto, la Ley de Moore por la cual se llego a la conclusión de que en 2.029 se producirá el evento citado fue formulada en 1965 y no se contaba con Internet.

Actualmente con lo que se ha dado en llamar la Web 2.0 y el posible advenimiento de la Web 3.0 podría precipitarse este fenómeno (si es que se produce), en concreto una “toma de conciencia” por parte de un ente artificial.

Reconozco que me muevo más por voluntarismo que por un análisis científico (no estoy capacitado para él).

Lo cierto es que soy de la opinión de que el Ser Humano solo tiene tres posibles salidas:

1.- Desarrollar un conciencia “de especie” análoga a la de las abejas o las hormigas por poner un ejemplo en el sentido (paradójico) que no se trate de una conciencia consciente sino de una actuación automática, inevitable o inconsciente (no estoy capacitado para utilizar los términos correctos desde el punto de vista de la psicología, sorry)

2.- Singularidad tecnológica

3.- La aniquilación o extinción provocada por el propio Ser Humano o agentes externos.

Analizo brevemente las 2 primeras, la tercera, cada cual reflexione hacia dónde nos conduce seguir en la misma dirección que hasta ahora y si la destrucción viene de elementos externos pues, simplemente no hay nada a hacer.

 

LA CONCIENCIA DE ESPECIE:

Creo que el siguiente hito evolutivo en el Ser Humano sería adquirir la “conciencia de especie”, análoga  a la de abejas y hormigas pero al propio tiempo muy diferente.

De la misma forma que por mecanismos desconocidos aún se ha adquirido la conciencia de uno mismo,  creo que el siguiente paso en la evolución sería la adquisición de una conciencia colectiva o de especie.

Esta conciencia, a diferencia de la de uno mismo, sí que podría tener una utilidad evidente y ligada al evolucionismo, la propia supervivencia de la especie.

Como aún tenemos mucho de mono, tendemos a organizarnos territorialmente en grupos que se enfrentan con otros grupos, esto es algo tribal y atávico, no solo execrable por lo que tiene de barbarie sino que teniendo presente la complejidad de la sociedad humana un seguro de su extinción.

Hemos sofisticado el concepto de clan y enfrentamiento entre congéneres buscando justificaciones al mismo (es una necesidad del cerebro, lo de las justificaciones digo) pergeñando diferentes conceptos, los más notables e igualmente repugnantes: nacionalismo y religión.

Puede disfrazarse con toda la pátina de intelectualidad que se quiera, pero en la base de todo no hay más que un simio meando para delimitar su zona y agrediendo a otros simios.

Estamos atascados en esa fase de la evolución (o simplemente no ha pasado el tiempo suficiente para dar otro salto) pero la próxima fase sería empezar a pensar en términos de especie, colectivos.

Pero ojo, no se trata de pensar en ello u organizar una sociedad en esos términos de forma consciente, sino que de lo que hablo es de un salto evolutivo que nos permitiese pensar como especie, sentir como especie y actuar en interés de la especie, insisto, no como algo voluntario o consciente sino como algo inherente a nuestra propia naturaleza algo tan ínsito en nosotros como la conservación o la reproducción.

De la misma forma que apareció la conciencia de uno mismo, del ser individual ¿por qué no puede aparecer esta conciencia de la especie?.

Pero todos estos procesos naturales/biológicos son extremadamente lentos e imprevisibles….

 

LA SINGULARIDAD TECNOLÓGICA

Para hablar de singularidad al menos en su sentido más extremo, debe darse el suceso antes mencionado (y que no puedo ocultar que espero con  curiosidad y ansiedad aunque falten muchos años y tal vez no llegue), que surja una mente a partir de una máquina o de la unión de muchas de ellas…

Siempre he pensado (también lo he comentado en reflexiones anteriores) que el propósito de La Vida es trascenderse a sí misma.

Es decir, por la propia dinámica de la conservación y adaptación y de la búsqueda de la eficiencia o simplemente por la pura casualidad y mezcla de unas cosas con otras, La Vida debería dar lugar a una mente basada en algo inorgánico, aquí se cierra el círculo;  la vida nace de algo inorgánico y vuelve a lo inorgánico es algo sencillo y elegante, como les gusta a los científicos.

Conocer, especular o ni tan siquiera teorizar acerca de qué puede suceder cuando se genere una conciencia o una mente no humana es total y absolutamente imposible porque cualquier especulación estará henchida de humanismo.

Tan errados están, probablemente, quiénes piensan en Skynet como quienes piensan en un futuro idílico de simbiosis entre hombre y máquina.

A mí me fascina la idea y me sorprende sobremanera que haya quien tema la desaparición de la especie humana, no porque no pueda darse sino porque una vez agotada su función, debiera ser su destino natural y lógico.

Sí,  sería como una muerte y la muerte de un ser querido da pena pero es algo inevitable.

De hecho (e insisto, es especular) dudo mucho que a un ser más inteligente que un Ser Humano le interesase lo más mínimo adoptar cualidades o características humanas, creo que sería letal para él.

Como atinadamente decía mi hijo hace unos días, el Ser Humano (y esto es grandioso) ha mostrado una capacidad sin igual para el invento y una genialidad sin par para hallar soluciones movido todo ello por su inagotable curiosidad,  todo lo cual ojalá desemboque en otra especie, en una singularidad.

Pero frente a estas notables proezas,  el Ser Humano ha demostrado, asimismo una incapacidad total y absoluta para la convivencia y para solucionar problemas sociales, ningún ser superior, en su sano juicio, y cabe suponer que tendría mucho, querría heredar esas características.

Dentro de 500 años (a menos que se haya ido todo a la mierda, que también es posible) los seres que observen la época actual (sean hombres o máquinas) miraran con horror y espanto una Sociedad que persiste en incontables atrocidades y permite formidables desigualdades e injusticias, una sociedad que salvo superficialmente,  no ha logrado erradicar toda la barbarie que parece ser consustancial con el Ser Humano ¿realmente queremos conservar eso?.

Las apelaciones al arte, a la cultura, a la música como compensación de todos esos horrores no bastan, a mi juicio, para pretender la conservación de una especie que se agota en la creación de otra que lo trascenderá.

Para finalizar (y sigo insistiendo es imposible saberlo) decir que no comparto la idea de Skynet.

Es el mismo error que mencionaba en una reflexión anterior  sobre los extraterrestres, es un error de perspectiva, contaminado por la vanidad y el modo de pensar humano, que se cree el centro de todo.

Dada una singularidad de una inteligencia inimaginable, pensar que se entretendría en eliminar a la raza humana (pese a que apetezca bastante) no parece demasiado razonable.

Para una inteligencia de esas características no existiría amenaza alguna que erradicar; es de una jactancia sin igual pensar que el Ser Humano podría constituir amenaza alguna para un ser así.

Partiendo de esa base, tanto podría suceder que la singularidad se diese (y quizás ya se ha dado) y que trabajase en un plano de la inteligencia o de la realidad que ni siquiera podemos atisbar,  como que dejase que las cosas humanas siguiesen su curso hasta su inevitable extinción, sea de aquí a 10 años o a 10 siglos.

Al fin y al cabo, nosotros mismos nos separamos del mono hace milenios y no por ello nos hemos dedicado de forma sistemática a eliminar a los pobres simios, para que….

CASUALIDAD Y CAUSALIDAD

Prácticamente todo, se sostiene en la idea de causalidad. Nuestro cerebro, que es una máquina extraordinaria pero en realidad bastante limitada, necesita establecer relaciones de causalidad o si se prefiere el término, coherencias.

Es decir, nuestro cerebro se gobierna por criterios de practicidad, por eso no vemos todo lo que podríamos ver, no oímos todo lo que podríamos oír ni podemos concentrarnos o realizar más de una actividad a la vez (ni hombres ni mujeres aunque éstas sostengan los contrario).

Está más que demostrado que nuestro cerebro de lo que ve, lo que oye o lo que percibe, “selecciona” aquello que encaja en lo que “debe ser” o en lo que por experiencias previas propias y de la especie, es lo normal o lógico que suceda.

Sentado lo precedente, el cerebro humano busca desesperadamente el binomio causa efecto, hasta tal punto ello es así que es capaz de elaborar complejas y peregrinas teorías y explicaciones para casi todo.

Otra faceta del asunto (ya tratada en anteriores elucubraciones) es la vanidad, la justificación o aquella especie de “sentido de lo justo” que comenté bajo el título “La Charca”.

El Ser Humano necesita aunque sea para reconciliarse consigo mismo, creer que su esfuerzo su habilidad, su empeño, su voluntad  o sus acciones son las que le conducen a dónde está, es decir, necesita creer en la relevancia de la voluntad.

De no ser así, tal vez la Raza Humana se hubiera ya extinguido, entregada a la suerte o al azar a pesar (y mucha gente no lo sabe) que el concepto suerte o azar es recientísimo

O sea, desde otra perspectiva y como casi todo, creer en la causalidad supone, en realidad,  una “ventaja evolutiva” respecto a otras especies haciendo del  Ser Humano un Organismo más eficiente y capaz para la supervivencia.

Pero la cuestión es que no parece que las cosas, en realidad, funcionen de esta manera.

Descartada por absurda e innecesaria, la idea de un creador o de una voluntad que de sentido al Universo (absurda porque para crear algo, si se dispone de ese poder, se hace directamente y en paz e innecesaria porque a partir del Boson de Higgs no es necesario creador alguno) lo que parece que en realidad sucede es que prácticamente todo se crea a partir de la casualidad, para simplificar, a base de mezclar muchas cosas con otras y a ver qué sale….

Hay estrellas que explotan crean elementos nuevos, éstos se combinan y dan lugar a elementos más complejos y así sucesivamente, no hay guión ni propósito, solo un niño con un martillo que rompe un juguete para ver lo que hay dentro.

De hecho si quisiéramos elaborar una teoría “creacionista” lo más probable es que fuéramos parte de un experimento, de un examen o estuviésemos en un gigantesco acelerador de partículas, artilugio que se basa en el mismo principio que el niño con el martillo, se hace colisionar a toda leche dos partículas para ver “que hay dentro” o lo que sale.

Hemos de tener muy presente, por lo expuesto, que nuestra mente lo razona todo,  es decir intenta darle coherencia a todo.

Esto está más que demostrado por ejemplo en el asunto de los sueños, nuestra mente, a base de retazos de información genera una historia, HA DE GENERAR una historia.

Nuestro mundo “real” es exactamente lo mismo, a pesar de que en realidad nada decidimos, ni tenemos capacidad para interactuar con nada ni para modificar nada, DEBEMOS crear, y la creamos, la fabulación de que en realidad somos dueños de nuestros actos y que podemos decidir lo que hacemos o dejamos de hacer pero no es cierto.

¿Cuestionable?. Tal vez, pero echando un vistazo a cómo funciona el Universo conocido,  lo cierto es que no parece, desde luego, que exista  la famosa causalidad.

La cosa se pone aún más fea o inquietante si interpretamos que todo el Universo debe tener un propósito o razón de ser, porque en este supuesto, quienquiera que lo haya creado o es un chapuzas o, como teorizaba antes, está realizando un simple experimento en el que huelga decir, nuestra participación no solo parece poco interesante  sino que probablemente no constituya más que un resultado indeseado, imprevisto o irrelevante.

No, si va a tener razón Wenceslao Fernández Flórez cuando en su libro, El Secreto de Barba Azul decía que los seres humanos eran un resultado imprevisto (como el gusano que salía en un queso) con el que no había contado un Dios que habría creado el Universo para su goce y disfrute, concretamente “para gozar de los movimientos perfectos, placer del que tenemos una mínima idea con el juego del billar”…

VANIDADES

Este verano he estado releyendo el Antiguo Testamento (el nuevo es un peñazo).

Esto siempre va bien ya que por un lado refuerza el ateísmo (yo no lo necesito pero lo que sobra no daña) y por otro sirve para constatar que aunque parezca mentira y tras más de 2.000 años,   aún se encuentran en él los fundamentos de multitud de nombres, costumbres, tradiciones, culturas, creencias y hasta interpretaciones científicas, algo fascinante y lamentable al mismo tiempo.

Uno de los pasajes más conocidos del Antiguo Testamento (creo que es en el Eclesiastés) habla de la vanidad del Ser Humano y de las miserias que ello provoca.

Asimismo hay una película bastante mala en la que Al Pacino hace de diablo (ideal para alguien tan histriónico como él) y en la que al final suelta la frase “de todos los pecados del Ser Humano, mi preferido es la vanidad..”.

Las referencias de La Biblia a la vanidad no dejan de ser sorprendentes en un texto que tiene la chulería de decir que el Ser Humano fue creado a imagen y semejanza de Dios y que dice que hay un pueblo elegido!!!!. Lo de Pacino no lo comento…..

En una sociedad  de hace 3.000 años en la que se identificaba el Universo con el planeta tierra (y ni eso) y que se creía que el sol, la luna y las estrellas eran luminarias que giraban alrededor del mundo no es demasiado reprochable que se tuviese la sensación de que el Ser Humano era algo singular y prodigioso, al fin y al cabo, comparado con los otros seres de los que se tenía constancia, su superioridad era más que evidente.

Lo que me sorprende es que tras quemar a Copérnico en la hoguera y con el conocimiento que existe hoy en día (en esencia lo que existe hoy en día es la consciencia del poco conocimiento que se tiene) se siga considerando al Ser Humano como algo prodigioso y singular, la Naturaleza como algo maravilloso y en general ese extraño concepto que llamamos Vida como algo perfecto y que forzosamente debe obedecer, bien a un diseño (decir “inteligente”  ya me parece excesivo…) o a unas reglas o pautas de extraordinaria complejidad y precisión.

Hoy en día sabemos que de todo lo que existe en el Universo solo percibimos un 5 %  (materia perceptible) ya que un 25 % es materia oscura y un 70 % es energía oscura.

Ese escuálido 5% (materia) es lo que forma miles de millones de galaxias que a su vez contienen (cada una) miles de millones de estrellas,  siendo que alrededor de tales estrellas giran planetas que, en consecuencia,  se contarían por billones o más. (y me dejo estrellas y planetas errantes, cometas, satélites, agujeros negros……)

Por otro lado sabemos también, y yendo de lo “grande” a lo pequeño, que existen infinidad de partículas (que ahora llamamos elementales pero puede que no lo sean) que podrían ser (como ya decían los griegos) “los ladrillos” de todo lo que existe y estas partículas elementales se comportan de una forma que sugiere que todo lo que se creía que se conocía de lo que existe y se percibe (el 5%) puede que no sea cierto afectando a conceptos tan básicos y arraigados en el Ser Humano como la causa/efecto.

Excuso hablar de dimensiones que no percibimos, Multiversos o Universos paralelos……

Pues bien, a pesar de lo apabullante de todo ello, el Ser Humano, incluso en ámbitos científicos  y a veces sin darnos cuenta, sigue pensando que es algo “especial”, es decir, sigue siendo extraordinariamente vanidoso, aunque ya no exista fundamento alguno para ello.

Esta estúpida idea lo permea absolutamente todo hasta el punto que genera abundantes confusiones, incluso en la física ya que no es infrecuente que cuando se habla de la causa/efecto en la física tradicional los legos interpreten que las decisiones humanas existen y tienen una consecuencia o que cuando se habla de “observador” en física cuántica pase lo mismo.

No me extenderé en este aspecto de la cuestión (sería una reflexión distinta) pero es importante entender que ni la conciencia que tiene el ser humano de sí mismo ni la ilusión que tiene de actuar por su propia voluntad son algo verdaderamente real, los actos del  Ser Humano NUNCA son causa de nada, sino consecuencia de algo. Por otro lado hay una apasionante discusión acerca de para qué sirve exactamente la conciencia de uno mismo y desde cuando existe realmente….

La primera confusión es identificar vida e inteligencia o consciencia e inteligencia.

El Ser Humano es un ser vivo y el único ser conocido (por el  Ser Humano naturalmente) que se sabe que tiene conciencia de sí mismo.

Entonces, con la vanidad a la que me vengo refiriendo,  interpreta que todo conocimiento e inteligencia debe emanar forzosamente de un ser vivo o de un ser que tenga conciencia de sí mismo. ERROR.

Si nuestra posición respecto a lo que sea que hay en el Universo  es ínfima, como antes vimos, las limitaciones en nuestra percepción de la realidad son verdaderamente preocupantes.

Incluso en un entorno tan extremadamente reducido y pequeño como nuestro planeta, existen otros seres con percepciones mucho mayores de la materia e incluso posiblemente de la energía, trasladado esto a la inmensidad del Universo….

Es decir la existencia de entes, seres, entidades o X en forma de energía, en dimensiones distintas a las perceptibles por nosotros o pura y llanamente en umbrales de visión, sonido, espacio o tiempo distintos a los que percibimos, no solo es posible sino que desde luego es mucho más factible que pensar en que somos únicos y exclusivos en el Universo!!!!.

Que quiere decir esto, ¿Qué hay que creer en OVNIS, en espíritus fantasmales, en viajeros en el tiempo y demás?. Nada más lejos de mi intención.

De hecho quienes creen en OVNIS o quienes creen que fuimos creados por alienígenas, inciden de lleno en la vanidad de los creyentes ¿pero qué interés podría tener para unos extraterrestres una civilización cómo la nuestra o cómo es posible que unos eres supuestamente superiores (incluido Dios) creen algo tan chapucero?.

Esta es otra cuestión a considerar seriamente, a medida que la ciencia avanza es más plausible que el Universo que conocernos, lejos de ser una maquinaria perfectamente afinada y calibrada es un auténtico caos, una chapuza impensable caso de ser creado por alguien conscientemente.

Aunque sea erróneo,  centrémonos solo en lo que conocemos como Seres Vivos y pensemos un momento: si una civilización, por ejemplo,  fuera  capaz de realizar viajes interestelares, su nivel de conocimiento sería de un calibre tal que es seguro que una civilización como la nuestra les despertaría NULO interés, eso si reparasen ni tan siquiera en ella.

Un viaje interestelar implica bien unos seres de una longevidad inverosímil  para nosotros o bien  el haber descubierto una física inimaginable actualmente que conllevaría que un viaje interestelar fuese una auténtica minucia, de hecho una física que implicaría poder crear cualquier cosa en cualquier tiempo o estar en cualquier espacio o en cualquier tiempo instantáneamente. ¿Repararían esa gente en nosotros?. Más bien no….

Resumiendo, debiéramos abandonar definitivamente toda veleidad acerca de nuestra singularidad y aprender a mirar lo poco que percibimos (realmente poquísimo) desprovisto de toda pátina humanista, no es posible analizar lo que hay fuera del Ser Humano con criterios humanos, eso no funciona.

Debe desarrollarse de algún modo una forma de observación que no esté mediatizada por nuestra raquítica percepción y  nuestro más raquítico conocimiento cuestionando aun más si cabe toda aquella conclusión basada en un razonamiento o estrictamente en una inteligencia que solo podemos calificar de incipiente.

A mi juicio se trata de un ejercicio casi imposible a corto plazo…

DERECHO A DECIDIR

Hoy a pocos días vista de 9 de noviembre de 2.014 dejo para la posteridad mis reflexiones acerca del asunto del título.

Se trata de un asunto que genera millones de páginas, millones de discusiones, millones de argumentos a favor o en contra pero, curiosamente, existe mucha menos “literatura” y discusión sobre el propio concepto.

La cosa es que el supuesto derecho a decidir pura y llanamente no existe.

Es sencillo comprobarlo, basta poner entrecomillado este concepto en google para observar que solo salen referencias a la cuestión catalana pero no existe ni definición ni referencias ni nada.

Contrariamente a ello si en google ponemos derecho de autodeterminación  la información es abrumadora, con una entrada propia en la Wikipedia, referencias históricas de todo tipo, complejos estudios y opiniones; se trata de un derecho muy estudiado reconocido por la ONU y perfectamente descrito.

La primera pregunta que se plantea y dado que no existe el derecho a decidir,  es si esta expresión no es más que un eufemismo o sinónimo del derecho de autodeterminación en la línea actual de cambiar los nombreS de las cosas.

Pero no parece que eso sea posible para los propósitos que se pretenden en el tema de Cataluña porque el derecho de autodeterminación tal y como lo reconoce la ONU es prácticamente imposible que fuera reconocido en el caso de Cataluña.

No vale la pena extenderse en ello, a Internet me remito, mientras que la ONU reconoce este derecho para ex colonias y para el caso de etnias o naciones que padecen limpieza étnica, discriminación u opresión clara y tangible, es extraordinariamente renuente a reconocer tal derecho en el caso de países democráticos en los que se pretenda una secesión (que es en realidad la forma correcta de  decirlo).

Ahí está el truco, los promotores de toda esta campaña saben que si hablan de derecho de autodeterminación (que es lo que es) el éxito sería muy pequeño y el hipotético apoyo o tolerancia internacional nulo.

 

Por el contrario al hablar de algo que no existe lógicamente tampoco puede criticarse…genial!!

El hecho que sea genial como método de manipulación y epítome de deliberada desinformación no obsta (de hecho precisamente por ello) para que estemos ante algo verdaderamente abyecto y repugnante, máxime cuando responde a los intereses de unos pocos que manipulan a muchos haciéndoles creer que los intereses de esos pocos son también los suyos.

Un sencillo experimento demuestra lo que digo, preguntemos a 10 personas que es “el derecho a decidir” y comprobaremos que la definición no coincide, lógico, no se sabe lo que es.

La respuesta inmediata y precipitada a esta pregunta (traspolando lo que es el derecho a decidir de una persona individual respecto a cosas como la eutanasia) es que es el derecho que tiene la gente a decidir cualquier cosa y el respeto que los poderes han tener de esta decisión democrática y mayoritaria.

Pero claro esto plantea un primer problema ¿cualquier decisión que adopten un número X de ciudadanos ha de ser respetada y/o es legítima?.

Aparte de establecer cuál es el número X, parece claro que, si por ejemplo, un grupo de ciudadanos  de Alabama o toda Alabama decide que hay que matar a los negros, eso ni ha de ser aceptado por nadie ni es legítimo y así podríamos seguir con infinitos ejemplos.

 

El caso clásico en el que ya de antiguo se planteó este problema es de la Alemania nazi, el hecho de que Hitler fuera votado masivamente y de que (no nos engañemos) las políticas de Hitler fueran mayoritariamente apoyadas por los ciudadanos (al menos al principio), ¿las legitima?.

Lo que quiere decir esto es que no puede legitimarse NADA ni decirse que nada procede con base en el inexistente derecho a decidir  sino que habrá que ver EN CADA CASO si lo que quiere  someterse a decisión se puede someter a decisión o no.

Por eso decía que el asunto catalán resulta algo abyecto porque se priva a los ciudadanos de entrar en la auténtica discusión o debate, legitimando lo que no se sabe si es legítimo o no por virtud de un derecho a decidir que no existe, lamentable.

La consecuencia de todo esto es que ni unos ni otros saben de lo que hablan porque el debate de fondo ha desaparecido y ha quedado sustituido por la NADA.

Los políticos (unos y otros) son cortoplacistas, pero es justo reconocer que este monstruo se ha gestado desde Cataluña y que le ha ido extraordinariamente bien a los dirigentes de Cataluña para desviar la atención de los ciudadanos hacia Madrid por tanto (aunque estoy seguro que tampoco lo harán) debieran asumir las consecuencias que se deriven de todo este despropósito al que se ha llevado a los ciudadanos de forma consciente e interesada…..

 

Por lo que a mí concierne este despropósito es la gota que ha colmado toda la tontería e ignorancia en el ámbito político que mi mente puede procesar.

Juro que a partir de este momento NUNCA MÁS voy ni a hablar de política ni a leer noticias políticas o de actualidad, mi único interés, y así se reflejará en este blog es la ciencia y la tecnología. 

EL ABOMINABLE CONTADOR DE CHISTES

NOTA: ESTO FUE ESCRITO HACE MUUUUCHOS AÑOS

Tengo una prima política que siempre me sorprendía con el mismo comentario ¿quién inventará los chistes?,  se preguntaba con gesto de preocupación y curiosidad.

 

Obviamente los chistes no los inventa nadie y, de alguna forma, los inventamos todos cuando realizamos comentarios jocosos sobre algún hecho o situación real o imaginaria.  Más tarde estos comentarios y fruto de su sucesivo relato se deforman y transforman generándose una mínima estructura narrativa que constituye el chiste en sí mismo.

 

Tampoco es descartable que ciertos profesionales del humor u ociosos impenitentes se dediquen de modo consciente a elaborar algún que otro chascarrillo.

 

Sea como fuere lo cierto es que finalmente los chistes propiamente dichos caen en manos de  personajes sin ingenio ni inventiva que se dedican a martirizar a sus semejantes mediante su relato compulsivo.

 

Y es que entre las muchas divisiones que pueden hacerse del género humano (atendiendo a diversos factores) cabría establecer una nueva entre quienes explican chistes y quienes los padecemos.

 

Tenía  un compañero extraordinariamente proclive al chascarrillo; como todos los explicachistes se consideraba  gracioso. 

 

Frecuentemente (se repetía, otra característica de los cuentachistes”) hacía referencia a una noche de su pasado en la que, con un grupo de amigos (presumiblemente de su misma ralea) empezaron a contar chistes sobre las 10 de la noche y no pararon hasta las 6 de la mañana.

 

Cuando hablaba de aquella noche se le iluminaban los ojos y recordaba con nostalgia los momentos vividos.  A mi, imaginarme aquella ominosa velada, me llenaba de terror y espanto.

 

Centremos el asunto, contar un chiste ocasionalmente, en momentos concretos, al modo de lo que se ha dado en llamar lenguaje “fáctico”, es decir como medio de alegrar una reunión en esos momentos que “pasa un ángel” o para “romper hielos” puede resultar hasta saludable.

 

No me refiero a eso.  Me refiero a los contadores compulsivos de chistes, al gracioso profesional, al expoliador del ingenio ajeno.

 

Normalmente el contador compulsivo de chistes es un individuo falto de ingenio y creatividad, un patán grosero que suple su falta de recursos verbales y su escaso encanto mediante la usurpación del ingenio ajeno.

 

El chiste, en si mismo, supone una coacción inadmisible, en especial cuando quien lo cuenta se encuentra en una situación de superioridad o jerárquica respecto de quien lo padece.

 

Como la bala que surge del arma para impactar en su objetivo, el chiste se desarrolla en diversas fases:

 

1ª.- Fase de compulsión: Consistente en la afirmación por parte del “plasta” de turno del estilo “voy a contar un chiste” o “sabéis aquel de..”.

 

 

Esta temible afirmación causa el efecto inmediato de captar la atención del resto de los contertulios quienes, por educación y buenos modales, abandonan cualesquiera conversación para prestar forzada atención

 

Como todos hemos contado alguna vez chistes y existe la convención social de que una de las cosas más frustrantes de esta vida es contar un chiste que no cause gracia, todos, por solidaridad, atendemos el requerimiento y nos mostramos inmediatamente receptivos.

 

De esta forma incluso el más soso de lo oradores dispone de un medio para ser, aunque sea momentáneamente, el centro de atención y así contar durante unos pocos minutos, con un forzado público.

 

 

Si el narrador es el “jefe” o persona que goce por cualquier motivo de superioridad real o moral (p.  ej. el anfitrión de una fiesta, el gracioso oficial o el que paga las copas) la situación es aún más grave pues a la cortesía se une la obligación.

 

2.- Fase “rictual” o de predisposición: “Rictual” por el rictus que adorna a los oyentes durante la misma.

 

Naturalmente, la cortesía o el respeto implica que los interlocutores han de adoptar una postura expectante y de receptividad.

 

Privados de su libertad e interrumpidos en su diálogo, los forzados oyentes, lejos de dirigir miradas envenenadas al narrador o hacerle callar a guantazos, le observan con atención  y curiosidad, como si verdaderamente les interesase lo que va a contar y con un gesto parecido al de los enfermos de tétanos.

 

3.- Fase apoplética: No siempre se produce.  Se da cuando el chiste se alarga en demasía y, en todo caso, tras una retahíla de chistes.

 

Es el momento en el que empezamos a ser conscientes de nuestra estúpida situación. Tomamos conciencia de nuestras mandíbulas (tensas y semiabiertas), de nuestros labios (en forzada postura de semisonrisa) y de nuestro cuerpo (tenso e incómodo).

 

Este momento suele coincidir con el de mayor aplomo y felicidad del narrador quien interpreta la apoplejía de su público como un tributo a sus dotes narrativas y prueba irrefutable del éxito de su exposición.

 

4.- Fase de liberación; la trampa : Tras el desenlace del chiste vienen las carcajadas.

 

Liberación porque nos permite abandonar la fase apoplética con indudable relajo para nuestro organismo.

 

Pero señores, aquí está la trampa del asunto.  Si nos reímos (por cortesía o porque, por una vez, nos ha hecho gracia) el narrador interpretará como éxito su alocución con lo que iniciará un nuevo chiste sin solución de continuidad.

 

Las consecuencias corporales; nefandas.  Nueva tensión, nuevo rictus, nueva tetraplejía, nueva afasia.

 

 

En realidad, llegados a esta fase, estamos ante un dilema  irresoluble como cuando aquel gitano nos preguntaba si habíamos mirado a su novia, si decíamos que sí nos pegaba por haberla mirado, si decíamos que no, nos decía “o sea, que no te gusta, es fea” y nos hostiaba igual.

 

Porque si no nos reímos o nos reímos con poca convicción, el narrador intentará enmendar su fracaso anterior y, para ello, se lanzará a un nuevo relato con la esperanza de obtener mejores resultados.  Nueva tensión, nuevo rictus, nueva tetraplejía, nueva afasia....

 

 

5.- Fase de emulación; el desastre: Cuando esto se produce lo mejor es abandonar la reunión discretamente alegando un frecuentemente real dolor de cabeza.

 

En una sociedad como la nuestra, fuertemente competitiva y llena de individuos que mendigan la atención del prójimo, resulta casi imposible que tras ser abierta la Caja de Pandora de los chistes, no surjan nuevos candidatos a erigirse como los supuestos “animadores del grupo” y centro de la atención del mismo.

 

Estar en medio de este “fuego cruzado” de chistes resulta una de las peores situaciones que pueden imaginarse, sobre todo porque entre los “contadores” se establece una suerte de competición de la que el resto de los asistentes se constituyen en jueces forzados.

 

El momento es indescriptible, los “escuchadores”, cual presas en medio de una manada de chacales, siendo obligados a oír una y otra vez la última parte del chiste, como si fuéramos idiotas y solo porque a juicio del narrador no nos ha hecho la suficiente gracia con lo que sospecha que no lo hemos entendido o porque quiere exprimir su capacidad hilarante.

 

Los narradores, como buitres, pisándose los chistes unos a otros, buscando presas desesperadamente, animándose mutuamente y amenazando con iniciar, por ejemplo,  una serie de chistes de “léperos” o de “negros” y contar aquel que sabe todo el mundo pero que es tan bueno...

 

A todo esto, el resto del personal, cercenadas sus facultades de diálogo y conversación, abocados, como se dijo, a la afasia más absoluta, pierde su condición humana transformándose en algo parecido a la Dama de Elche.

 

        Otra característica de los contadores de chistes (aparte de las ya aludidas de creerse graciosos y repetirse constantemente) es su sordera.  De nada sirve decirles que ya sabemos aquel chiste, siempre encontrarán  algún pusilánime en la reunión que dirá inconscientemente que no lo sabe, o bien mirarán de comentar con nosotros el chiste en cuestión haciendo referencia a lo bueno que es y parafraseando repetidamente su desenlace.

 

Estos mendigos de la atención ajena, al igual que los “contadores de mili” (otra especie letal  de la que algún día hablaré), tienen la perseverancia de una apisonadora y no les arredra nada ni nadie, su objetivo (que siempre logran) es escucharse a sí mismos y afirmar su ínfimo ego.

 

Yo les diría, simplemente, que vayan al psiquiatra, les escuchará sin problemas.  Tras unas cuantas facturas quizás moderen su “plastez”.

LA COCINA Y EL COMER BIEN

NOTA: ESTO FUE ESCRITO HACE MUUUUCHOS AÑOS

 

Ante la confusión que al avieso lector puedan haberle causado los dos artículos que preceden y ante la existencia de algunas (solo aparentes) contradicciones, considero necesario, tratar el asunto del título para disipar posibles dudas al respecto.

 

Una de las “teorías” del suscrito que más polémica suelen causar (que no son pocas) consiste en mi afirmación de que en España solo hay cocina en el País Vasco y en la parte norte de Cataluña, y ello, además, por el simple motivo de que estas regiones están cerca de Francia. En el resto de España, no existe la cocina.

 

Cuando afirmo esto, siempre hay alguien que se molesta y, antes de que pueda argumentar, me he tenido que tragar una glosa de dos horas acerca de las excelencias del cochinillo, los puntos de la paella o las mariscadas de Galicia, excelencias, todas ellas, salvo quizás el asunto del “punto” de la Paella, que comparto en su integridad.

 

Y es que la gente confunde la cocina con el comer bien y, obviamente no es lo mismo.

 

La cocina es la elaboración de los productos básicos.  La cocina consiste en coger una materia prima y sobre ella o a partir de ella, elaborar algo nuevo, otro producto distinto al de la propia materia prima mediante la mezcla hábil de diversos componentes.

 

La cocina es arte, el buen comer solo habilidad y tradición.

 

Ni siquiera digo que sea mejor lo uno que lo otro, simplemente son cosas distintas.

 

Por ello, ni en Galicia ni en Castilla, ni mucho menos en Andalucía, existe cocina en sentido estricto ya que no se elabora, se coge el producto en bruto y se sumerge, tal cual, en agua hirviendo, en aceite hirviendo, en un horno o crudo.  Como máximo (en el caso de los cocidos y las sopas) se sumergen en un liquido adecuado un cúmulo de productos para obtener una mezcla de sabores determinada.

 

Pues bien, todas estas técnicas, que producen platos sabrosísimos, salvo raras excepciones no son cocina.

 

A mi, que además soy prácticamente omnívoro, me gusta lo uno y lo otro.  Asimismo respeto que a cada cual le guste lo que le de la gana. (es de las cosas pocas que respeto, de hecho).

 

Ahora bien, lo que me resulta insoportable, y a ello me refiero,  son estos defensores ultramontanos de la cocina simple-tradicional que, en el 90 % de los casos, jamás han tenido contacto con la cocina con mayúsculas.

 

 

En España se han instalado tópicos como “a mi no me gusta la cocina francesa porque tiene muchas mantequillas y cremas de leche”.  Bien, el 99 % de las personas que esto afirman jamás han consumido cocina francesa y, además, ignoran, de forma absolutamente patética, que la mayoría de las innovaciones que se han incorporado a nuestra cocina moderna provienen de técnicas francesas.

 

Tanto en el país vasco como en Cataluña se ha producido una interesantísima mezcla entre las técnicas culinarias francesas y las preparaciones francesas. Pero no lo olvidemos, la técnica es francesa.

 

Lo que sucede, y esto es cierto, es que al socaire de la sofisticación en la cocina y las preparaciones novedosas, se han instalado numerosos estafadores (supongo que de antepasados italianos) que dan “plato” por liebre, es decir, mucho plato y poca cocina.

 

Por otro lado, la experimentación que lleva consigo la cocina, produce que frente a gloriosas creaciones se hayan parido auténticos bodrios (como algunas mezclas agridulces de dudosa viabilidad).

 

En cierta ocasión (y en otros tiempos más boyantes) me encontraba con mi mujer en un muy buen Restaurante, concretamente La Llar, en Girona, en donde sirven cocina y no alimentos simplemente.

 

En una mesa contigua, uno de los comensales pidió un filete al estilo “Víctor”, una de las especialidades del lugar.  Al poco de servírselo, el palurdo, requirió a la dueña (que hacía las veces de “maitre”) para que le “pasase” más la carne. 

 

Tras una reticencia inicial, la dueña, por aquello de que el cliente siempre tiene razón, se llevó el plato hacia la cocina.  Al poco tiempo volvía con el plato intacto diciéndole al cateto que el cocinero se negaba a pasarle más el filete.

 

Faltó poco para que me levantara a aplaudir y exigiese a voces la expulsión de aquel infiel y su remisión hacia un chiringuito de playa para que ingiriese alguna abominable paella o fideuá.

 

Esto es una contradicción ¿no?. ¿No decía en otro momento  refiriéndome al punto de la pasta y de la paella que lo que hay que tener es criterio personal y dejarse de snobismos impuestos?.

 

Pues no señor, de contradicción nada.  Porque evidentemente, podemos y debemos tener un criterio personal en aquellos platos que nosotros mismos podemos preparar en casa o que, por su difusión o popularidad, están al alcance de cualquiera.  En este caso, tenemos todo el derecho del mundo a exigir que nos preparen determinado plato a nuestro gusto y ello por el simple motivo de que tenemos un criterio acerca de dicho plato.

 

Ahora bien ¿qué sucede cuando nos sirven un plato que no hemos probado nunca, que es una creación de su autor, una obra de arte, en definitiva?. 

 

El caso es distinto.  En este caso, el único derecho que nos asiste es manifestar si nos gusta o no pero nunca solicitar la modificación del plato ya que no sabemos cómo es dicho plato.

 

 

Lo contrario sería como exigirle a un pintor que modificase un cuadro para que nos haga juego con el comedor.  La cocina, a estos niveles, es una obra de arte, te gusta o no te gusta pero de exigir nada.

 

Imagino el horror del cocinero (y dueño) de La Llar ante la desfachatez del comensal pidiéndole que modificara un plato que, para mayor INRI, llevaba el nombre de su hijo.

 

Vuelvo a repetir, como la sociedad capitalista y el mercado lo pervierte todo, es cierto que  se ha generado una pléyade de estafadores que aprovechándose de la incultura y “snobismo” general se dedican a la creación compulsiva de innovación, tampoco es eso.

 

En definitiva, una vez más, aunque sea en este tono más “festivo” de estas últimas entradas, lo  que estoy intentando es que nos desaborreguemos, de que huyamos de estereotipos, de muletillas, de frases y conceptos hecho, que desarrollemos criterios propios y que, desde luego no aceptemos la autoridad ni moral ni material DE NADIE.