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EL BOSÓN DE HIGGS

Hoy 5 de julio de 2.012, apenas 24 horas tras el descubrimiento de esa esquiva partícula, recibo la noticia de que uno de mis mejores amigos acaba de fallecer de forma repentina y absolutamente imprevisible.

Al igual que esa diminuta onda es la clave que dota de sentido al Universo y a la Física, algo mucho más insignificante aún, como es la vida de un ser humano, es el mecanismo que hace que sigamos adelante.

El bosón de Higgs hizo que la energía se transformase en materia, de ahí que se le llame la partícula Dios (y no “de Dios” como se dice erróneamente) porque fue la que creo, la que dio sentido a todo lo que existe.

A nosotros nos dan sentido las otras personas, las interacciones con ellas, es lo mismo que en las partículas, actúan unas con otras y de ahí sale todo.

Cuando muere alguien cambia el Universo entero (algunos dicen que se genera una realidad alternativa, es decir muere en una realidad pero no en otras).

Pero esto nos interesa muy poco cuando muere un amigo, es como la macroeconomía ¿a quién le interesa cuando no tiene para comer?.

Cuando muere un amigo desaparece una pieza de la frágil e inestable realidad que percibimos, por eso nos desconcierta, nos duele, nos indigna y por eso maldecimos nuestra existencia y cuestionamos el porqué de la vida.

Son sentimientos que nunca llegan a desaparecer por completo y que pueden llevar a más de uno al desastre, justo como el bosón, dura una fracción de tiempo inimaginablemente pequeña, pero todo lo impregna y permea.

Extraña forma esta de hablar de la muerte de un ser querido, sin elegía, sin panegírico, pero a mí me ayuda.

Si lo intelectualizo, lo relativizo o lo contextualizo,  parece que duela menos, cada cual lo intenta  a su manera.

Adiós amigo.

CRECIMIENTO

Hace años que no entiendo absolutamente nada de la política (será que me hago viejo). En especial no entiendo qué criterios se utilizan (aparte de determinados marketings y posturetas) para definir izquierda y derecha.

En esta extraña esquizofrenia que vivimos, no salgo de mi asombro cuando resulta ser que es de izquierdas pedir “crecimiento” o es esto lo que piden, al parecer y por ejemplo,  Hollande o Rubalcaba.

Se viene  a decir (por parte de la “izquierda”) que solo con medidas de austeridad (que sería algo de “derechas”) no se sale de la crisis y que, por tanto, hay que fomentar también el “crecimiento” (no se explica, porque es imposible, como puede consumirse más si la gente tiene menos recursos).

Hay que señalar, en primer lugar,  que lo de “crecimiento” es un eufemismo de los millones con los que se nos obsequia a diario. En realidad se está hablando de “consumismo”.

Porque el crecimiento es eso y no otra cosa, el crecimiento es que la gente consuma más y así otra gente produce más y así se mueve el dinero, se activa el crédito y vuelta a empezar.

Es decir, los que dicen que son de izquierda están defendiendo eso ¿!?!!!.

Si este blog lo leyese alguien,  ya sé que se me objetaría que la izquierda no pide crecimiento a secas sino “crecimiento sostenible” y que, además, no está en contra de la contracción o la austeridad sino en el hecho de que la contracción, el ajuste o como quiera llamársele lo paguen solo los pobres, pero lo cierto es que estos matices no se están haciendo y desde luego que sería muy necesario matizar y muy mucho cuando se habla de crecimiento.

El concepto “crecimiento” (en realidad “consumismo”), sea sostenible o salvaje,  es por definición de derechas, es decir, es un concepto básico del capitalismo.

Para el sistema capitalista la única forma viable de la sociedad es “crecer”,  que no es más que conseguir que la gente consuma más porque, según se dice, al consumir más y así adquirir más bienes de consumo, la sociedad se hace más rica, tanto los que adquieren los bienes como los que los producen.

Esto y no otra cosa es el “crecimiento”, insisto,  es una de las bases del capitalismo.

Por tanto la autollamada “izquierda” no es tal, porque la izquierda es o debiera ser anticapitalista. O dicho de otro modo,  lo que ahora llamamos la izquierda ( o más estrictamente se “autollaman”) es en realidad una derecha moderada, eso  siendo extraordinariamente generosos.

La esencia de la izquierda, por el contrario, nunca puede ser el crecimiento, y mucho menos que ese crecimiento se autoregule solo,  sino que es la redistribución de la riqueza, la abolición de la propiedad privada en los bienes de producción y el “reparto” equitativo y justo de la riqueza que se genere.

Para entendernos; lo que ahora está sucediendo es como una familia con un nivel de ingresos X y que tiene un hijo. Como sus ingresos son altos, ese hijo va a los mejores colegios y tiene todos los caprichos. Pero hete aquí que la madre se transforma en coneja y tiene 15 hijos más.

Es obvio que con 15 hijos más y los mismos ingresos habrá que hacer cualquier cosa menos crecer. Habrá que redistribuir, siendo impensable que el hijo primero siga viviendo igual que antes y el resto vivan de puta pena.

Trasladado a la sociedad, nada puede hacerse sin un “reset”. No cabe crecer porque somos la hostia de gente en el mundo y no hay que crecer o por lo menos nosotros no hemos de crecer (tal vez lo deba hacer Namibia o Burkina Faso, de manera controlada),  hay que repartirse los recursos, asignarse los trabajos y asegurar la subsistencia de todo el mundo.

Y eso no es posible sin cepillarse todos los esquemas democráticos: Alguien podría decir, eso precisamente es el “crecimiento sostenible”. Falso, eso se acerca más al concepto “dictadura del proletariado”.

No hay forma de conseguir esta redistribución  o ese reparto de “buen rollo”,  porque los hijos primogénitos (como el del ejemplo) no van a soltar ni una puta pela por las buenas y aparte cuentan con el poder de los estados que mantienen el “status quo”.

Por tanto ese camino es, al día de hoy, total y absolutamente imposible

Así que lo que verdaderamente sucederá (y de hecho ya está sucediendo) es que se establecerá una economía y una política total y absolutamente dirigida, pero no para el conseguir el bien común o una mejor redistribución de la riqueza, sino pura y llanamente para  que los siervos no se solivianten; dosificando cuidadosamente las migajas y empobreciendo gradualmente a un sector de la población que quedará virtualmente expulsada del sistema.

Paralelamente (y también lo estamos viendo) se reforzarán las estructuras represivas y las de control de la población. Naturalmente se mantendrán ciertos derechos para que los siervos se desfoguen y tengan el consuelo o la autocomplacencia de que están “luchando”: El palo y la zanahoria.

Tantos siglos elaborando teorías políticas y al final el que tenía razón era Aristóteles, es irrelevante la forma política que se adopte, lo verdaderamente importante es si el que gobierna lo hace para el bien común o para el beneficio de unos pocos.

GOMINOLAS CUÁNTICAS….Y COMUNISTAS

Hace unos días vi un documental que me hizo reflexionar. La cosa iba de un experimento en el cual se mostraba a diversas personas un gran tarro lleno de gominolas y se les preguntaba   cuántas gominolas creían que había en el tarro.

En el tarro había, si no me equivoco, aunque es irrelevante, 4.137 gominolas.

Pues bien, como era de esperar, los cálculos de la gente se movían en una horquilla enorme, creo recordar que iban de unas 400 a 80.000.

Sin embargo, al coger una muestra grande de personas (tampoco tan grande, unas treinta y pico) y hacer el promedio,  el resultado era ¡¡¡4.150!!, es decir, increíblemente aproximado al número real de gominolas.

El objetivo del experimento era demostrar que, de alguna forma, el ser humano, aisladamente, es una birria, sin embargo, como grupo o en conjunto, sus conclusiones son mucho más acertadas o si  se prefiere, su eficiencia, es mucho mayor.

Para servidor, que raya la sociopatía y que siempre ha considerado que los grupos de personas y cualquier tipo de asociación es perversa y castrante, fue todo un jarro de agua fría. (aunque como veremos no tanto)

O sea que el talento personal, el ingenio y, de hecho, el propio ego,  no son más que una ilusión y sobre todo, son irrelevantes

Porque pensemos un poco más (esto ya no lo decían en el documental, es cosecha propia), para que el resultado sea correcto es indiferente que haya individuos que puedan acercarse mucho más a la realidad que otros, es más, incluso podría ser contraproducente.

Un sencillo ejemplo ilustra lo anterior: no tomemos 32 personas, sino 2, una dice que hay 8.000 y otra dice que hay 250, promedio 4.125,  los dos son patéticos contando gominolas pero el resultado  es muy bueno.

Así pues, trasladando el concepto a la Sociedad, la aportación a la misma de Kiko Matamoros o Belén Esteban es idéntica y tiene la misma relevancia que la de Einstein o Leonardo da Vinci.

¿Quiere decir esto  que hemos de abandonar entonces, nuestra individualidad y transformarnos en abejas o termitas dejando de lado nuestra identidad para diluirla en la del Grupo?....NO.

¿Será verdad no obstante, que si funcionamos unidos a otros para lograr un determinado fin o para defender una idea, los resultados serán mejores?....TAMPOCO.

Lo que, a mi juicio, demuestra el experimento es justo lo contrario, se precisan individuos que actúen de forma aleatoria o imprevisible para que el conjunto funcione y para llegar a un resultado satisfactorio.

Otra cosa es que cuando pensamos en el Ser Humano o incluso en La Vida en general deberíamos fijarnos en el conjunto.

Es decir, no importa lo que ha hecho fulano o berengano, lo único que importa  es lo que ha hecho, está haciendo y hará La Humanidad en su conjunto.

Si tomamos, pues al Ser Humano como especie, en su conjunto, el mundo que hemos tenido, el que tenemos o el que tendremos, no es producto de una suma de voluntades, decisiones o sinergias (como dicen los pijos), sino que seguramente es el que inevitablemente ha sido, es y será.

La inteligencia del ser humano, ni es un don divino, ni es mejor que disponer de unos colmillos enormes o ser capaz de poner dos millones de huevos, no es más que una ventaja respecto a otros pobladores del planeta que hace que, de momento, estemos en la cima de la pirámide alimenticia.

Los dinosaurios, con inteligencias como un donut, fueron capaces de ser la especie dominante durante infinitos años más que, de momento, el ser humano.

Demos otro salto, no pensemos en el Ser Humano, pensemos en “La Vida”.

Hace no demasiados años, se pensaba que la vida era algo extraordinario, una especie de casualidad que requería que se diesen unas condiciones muy poco frecuentes. Este concepto estaba también en la base de una intervención divina. Algo tan raro, tan insólito, tan extraordinario solo podía tener un origen divino.

Sin embargo esta percepción está cambiando a pasos agigantados. A raíz del estudio de los extremófilos se ha podido constatar que la vida se produce en entornos extraordinariamente hostiles.

Hemos de tener en cuenta que estos descubrimientos se producen teniendo, como tenemos, un conocimiento mínimo del propio planeta tierra ya que no perdamos de vista que los científicos no tienen ni pajolera idea de lo que puede existir, por ejemplo,  en los fondos marinos y solo hemos arañado la corteza terrestre. Incluso, no hace ni 5 meses aún,  se descubría (como pasa cada poco) una tribu en el Amazonas que nunca había tenido contacto con el exterior.

Ahora mismo no puede descartarse que exista vida en entornos tan hostiles como las nubes de Venus o en las profundidades de Neptuno y se da por hecho que en Europa, Encelado y  Titán es muy probable que existan formas de vida simples o complejas.

Y, naturalmente, estamos hablando de vida como la que conocemos, no de otras formas de vida que ni tan siquiera reconoceríamos a primera vista al haberse desarrollado a partir de una química diferente a la nuestra.

Es decir, la vida parece tener un único objetivo, permanecer y extenderse, y para ello es capaz de adaptarse prácticamente a lo que sea; y lo hace de una forma sencilla, a base de número y de mezclar aleatoriamente unas cosas con otras.

No sé quien dijo que si dejas a 4 monos en una jaula con una máquina de escribir durante millones de años acabarían escribiendo El Quijote.

De la misma manera que una ostra pone varios millones de huevos porque la mayoría mueren, siendo este su mecanismo para la supervivencia de la especie, La Vida, con mayúsculas, genera incontables formas que se combinan entre sí, después está la evolución, la selección natural y toda esa zarandaja y al final aparecemos nosotros, aparece Kiko Matamoros y aparece Einstein.

¿Qué vendrá, tras nosotros?, no lo sabemos. ¿Somos importantes en toda esa cadena de acontecimientos?, Objetivamente, mucho menos que el roedor que sobrevivió al desastre que acabó con los dinosaurios o el anfibio que salió del agua y se puso a caminar.

Una abeja no sabe que es un hexágono, ni mucho menos sabe que el hexágono es la forma más eficiente de aprovechar el espacio. Entre las abejas las hay que son buenísimas construyendo panales y las hay que son extraordinariamente torpes, pero hacen hexágonos casi perfectos.

Da igual lo que hagan o lo que sepan las abejas individualmente, como especie hacen hexágonos perfectos y se aseguran su subsistencia almacenando mucho en espacios pequeños.

Nosotros pensamos, inventamos, construimos, investigamos y acabaremos, sin duda alguna, creando vida, prolongando nuestra vida o transmitiéndola a una máquina, pero la pregunta es ¿qué lugar o que relevancia tendrá el Ser Humano en el desarrollo de La Vida?, ¿llegará a durar tanto como el cocodrilo o el celacanto, o somos una especie efímera e inútil, es decir, no somos el resultado “bueno”?.

El ego del Ser Humano, su vanidad y su inteligencia, no son dones, ni suponen diferencias apreciables con una vulgar bacteria, no son más que “ventajas” respecto a otros depredadores que podrían dar lugar a que el Ser Humano llegase algún día a ser una especie con cierta importancia o peso específico en el conjunto (aunque lo dudo).

Pero los números son apabullantes, las bacterias llevan existiendo miles de millones de años, el Homo Sapiens, siendo optimistas, 1 millón de años.

Y construir ciudades, inventar Iphones y hacer catedrales y pirámides no sirve absolutamente de nada en el conjunto de lo que es La Vida en la medida que esta “rama” de la misma no continúe o de lugar o se acerque a su destino final si es que lo hay.

Así pues (y es que me enrollo como una persiana), la realidad es bien clara, cualquier individuo es igual de relevante que otro dentro del conjunto y estrictamente hablando, el tener mayor o menor talento o mayor o menor habilidad para hacer algo es total y absolutamente intrascendente. ¿Frustrante?. Tal vez no, tal vez solo nos ayude a valorar a todos nuestro congéneres por igual. Lo cual, dicho sea de paso, tampoco es tan mala idea.

¿Y SI NO QUÉ?

Uno de los derechos más peculiares de los que dispone el ciudadano en las democracias es el de manifestación.

Es un derecho ligado a la libertad de expresión, cualquiera puede pedir lo que quiera y cómo quiera.

La cuestión es que lo que no ampara democracia alguna es que el Gobierno o el Estado deba acceder a lo que se pide, ni siquiera en los casos que se reúnen las firmas necesarias para provocar una iniciativa popular a discutir en el Congreso.

Es un asunto parecido al resto de los derechos que se proclaman en las constituciones de los países democráticos. Existe el derecho a la vivienda, a la educación, al trabajo…. ¿Quiere decir ello que cualquier ciudadano puede exigir la materialización de tales derechos?. Naturalmente que no.

Se trata de derechos sin obligación. O sea aquello que explicaban a veces de que a todo derecho corresponde una obligación;  pues no es así.

Podemos expresarlo de una forma menos correcta, se trata de auténticos “brindis al sol”.

En estos últimos años de sueño-orgía capitalista, nadie cayó en la cuenta de lo inane, vacuo y poco consolidados que estaban todos estos derechos porque, en definitiva y en mayor o menor medida, todo el mundo disfrutaba de ellos.

Y ahora, cuando tales derechos peligran, resulta ser que la gente parece creer que si se piden,  reivindican o exigen con suficiente intensidad o fuerza podrán obtenerse. (nunca dejará de fascinarme la ingenuidad de la gente o en la estupidez en la que se nos ha sumido).

Ni voy ni iré a esas manifestaciones del 15 M ni a las que las que vengan más adelante aunque a buen seguro aumentarán de tono y cariz, sigo en la utopía anarquista, “los derechos no se piden, se toman”.

Uno de los triunfos del sistema (otro día hablaremos de cómo el sistema es capaz de convertir en basura cualquier idea por muy noble que sea) es hacer creer a lo que llaman eufemísticamente ciudadano que tiene derecho a exigir no se qué a no sé quién, es decir hacer creer a los siervos que no lo son.

Tal vez el tono de las manifestaciones y protestas aumente, tal vez se tornen violentas y tal vez, mucha gente, decida acometer acciones distintas a la mera exigencia de derechos (estrictamente “súplica" de derechos). No servirá de nada, cualquier movimiento en este sentido será inmediatamente  aplastado ya que hoy en día el control que se tiene o se puede tener sobre las personas asombraría al propio Orwell (eso aparte de que mucho manifestante acude a las protestas porque hace izquierdoso, moderno y comprometido y luego, encima,  cuelga sus “hazañas” en youtube y facebook).

La única esperanza existirá si se llega a un estado tal de descomposición y conflicto social en el cual se planteen cosas como asaltar supermercados y Bancos para sobrevivir, entonces estaremos en el camino de algo.

Por eso yo no quiero que acabe ninguna crisis, quiero que se haga más profunda y más larga, más espantosa y terrible; el Ser Humano no tiene memoria y le bastarían 10 segundos de bonanza para volver a lo mismo.

Para hacer una revolución no se necesita  ideología,  se necesita un objetivo o más estrictamente un blanco, mucho odio y mucha desesperación. Y se necesita asumir lo que hemos olvidado, seguimos siendo siervos, con todo a ganar y nada a perder porque estrictamente todo lo que creemos que tenemos nos lo pueden quitar en 10 segundos.

Así pues,  el que quiera  que siga manifestándose y protestando (al  fin y al cabo es un tema de tener la conciencia más tranquila, o sea, como adoptar un niño en África, conducir un coche biológico, reciclar basura, vestir de determinada forma  o beber Moritz) pero la pregunta que se hace el poder es ¿y si no os damos lo que pedís qué?. …. Y por desgracia la respuesta, de momento,  es NADA.

EL TRABAJAR ES UN DON DE DIOS Y ES MUCHO MEJOR HACERLO CANTANDO (Manolo Escobar dixit)

 

 

Como ya sabréis, cultos lectores, la palabra trabajo viene del latín tripalium,  instrumento de tortura al que se ataba al reo.

La cultura judeocristiana también tiene claro el concepto, el trabajo es el castigo divino que Dios aplicó al hombre por su soberbia y jactancia, mientras que a la mujer le reservó los dolores del parto y molestias de la dismenorrea (las características del vocablo abundan en la teoría acerca de los remotos orígenes de Euskadi).

Esta realidad se mantuvo durante muchos siglos dando lugar, no solo a que la Iglesia, para evitar los conflictos sociales, pergeñase la milonga de que el trabajo dignificaba y que los ricos lo tenían fatal para entrar en el Cielo, sino que dio lugar, en el caso de España, a toda una literatura específica, epítome de nuestro acervo cultural.

Pero toda esta sabiduría,  hace años que está en declive fruto, como no, de influencias extranjeras y seguramente masonas o de los iluminati, que han elevado el trabajo,  de su auténtica condición,  a la categoría de un bien que no solo dignifica a quien lo tiene y lo ejecuta con esmero, sino que constituye la base de nuestro entramado social.

Para muestra la canción del insigne Don Manolo, que da título a esta reflexión.

Es patente que religiones como la calvinista o la puritana con su concepto de que más que esperar la recompensa en el Cielo, Dios ya la otorga en la tierra a los que la merecen han sido responsables en parte de este cambio pero, en la base de todo está la “gran mentira” que sustenta el sistema capitalista.

La “gran mentira” que es el pilar del sistema (agotada ya la milonga de la Iglesia antes citada), consiste en el concepto de que con esfuerzo y tesón, haciendo bien el trabajo, siendo proactivo y toda una sarta de sandeces similares, puede lograrse cualquier cosa. Es decir, cualquier persona y de cualquier condición, si se esfuerza,  logrará aquello que se proponga.

No me dedicaré a desmontar semejante estupidez, solo apuntaré que las escasísimas (muy escasísimas) historias acerca de personas que supuestamente han conseguido semejante proeza son en su mayoría falsas.

Para muestra un botón. Yo he llegado a leer que Emilio Botín era un hombre que se había hecho a sí mismo ya que empezó como botones en el Banco de Santander. Se omite en esa historia el “detalle” de que su familia era la propietaria del Banco desde tiempos inmemoriales.

A nadie le gusta asumir que lo que tiene lo ha obtenido por chiripa, por enchufe,  por herencia o por casualidad cuántica, por eso se inventan  historias de esfuerzo, tesón e ingenio.

Pero esta no es la cuestión, la cuestión es la  perversión del concepto “trabajo”.

Vamos a ver si nos entendemos, el trabajo es aquella actividad remunerada que se realiza por necesidad, o sea en contra de la voluntad del que la realiza (como los reos que portaban el tripalium), todo lo demás, pura y llanamente NO ES TRABAJO. Llamémosle trobojo o tribujo pero no es un trabajo.

Por tanto no se puede decir  que un trabajo gusta, es una auténtica aberración, eso, insisto, NO ES UN TRABAJO.

Las personas a las que realmente les gusta su trabajo (no las que lo dicen por aceptación, resignación o por quedar bien) son porcentualmente un número bajísimo, sin embargo, son las que más suelen pontificar acerca de lo que desconocen…el trabajo.

Este “colectivo” genera el lógico y legítimo odio entre aquellos que sí trabajan, dado que los ven (y tienen toda la razón) como unos privilegiados que encima se atreven a dar lecciones a los demás.

La pregunta para detectar a un trabajador falso de uno auténtico es bien simple ¿Continuarías haciendo lo que haces si te tocasen 100 millones de euros ó 10, ó 1 (a menos suma más trabajador).

Por su propia naturaleza a estos falsos trabajadores es difícil incardinarlos en colectivos ya que, en principio, en cada profesión o trabajo que nos imaginemos habrá algún porcentaje  de personas a las que les guste realizar dicho trabajo (gente rara hay en todas partes).

Sin embargo existe un colectivo en el que (por lo menos es lo que los miembros de ese colectivo suelen vender) existe el mayor número de estos falsos trabajadores y es por eso que es fuertemente odiado o incomprendido.

Me refiero, naturalmente, a los autores en sus múltiples facetas, es decir, desde la propiedad industrial, hasta la intelectual  y a los artistas.

No es algo nuevo, de siempre se consideró, por ejemplo, a los cómicos gentes de mal vivir y dadas a la molicie. En la base está el odio (insisto, legítimo) de los que trabajan frente a los falsos trabajadores.

Pero los cómicos por seguir con el ejemplo, solían malvivir lo cual encajaba en el concepto del trabajador de verdad; vale, no trabaja, pero malvive, lo cual no alteraba la lógica de las cosas.

Sin embargo, encajar que fulano o mengano se dedican a hacer aquello que otros muchos desearían (pero que no pueden porque trabajan) y encima cobran y en algunos casos, mucho o muchísimo, es de muy difícil digestión.

Ni siquiera es necesario entrar en hasta qué punto el que triunfa en esos mundos (o en otros) lo es por méritos propios, por impostura o, como siempre, por la indeterminación cuántica “heisembergiana”, es que conceptualmente no puede aceptarse por los que de verdad trabajan.

Por tanto, y dado que nada es gratis en este mundo, tener el privilegio de ser un falso trabajador, lleva como “torna” resultar absolutamente odioso a la gran mayoría en el momento en que pretenden equipararse a los trabajadores de verdad y proteger sus derechos.

Es decir, el trabajador A admira e incluso venera al no-trabajador B, pero si el no-trabajador B, reivindica derechos como trabajador probablemente pase del amor al odio de forma casi inmediata.

Ahí está el quid de la cuestión. Los trabajadores de verdad tienen derechos, los otros privilegios y no se hizo una revolución para mantener privilegios sino para erradicarlos.

Conclusión: los no-trabajadores, en especial si están bien remunerados, (y a pesar de lo que en alguno de esos colectivos les gusta jugar a ser de izquierdas) harían bien en mantenerse calladitos y al margen de cualquier revolución ya que (y así lo hizo, por ejemplo Mao, sabiamente en su revolución cultural) suelen ser un obvio y legítimo objetivo.

POR QUÉ QUERÍA SER BUFET

A pesar de Copérnico y Galileo y del atisbo que tenemos acerca de la insignificancia de nuestro mundo con respecto al Universo (probablemente Multiverso),  resulta sorprendente la subsistencia del antropocentrismo.

Aunque nos disguste a algunos  ateos, es obvio que el peso de las religiones (es decir de la ignorancia y la superchería), sigue siendo enorme incluso en el mundo actual, supuestamente tecnológico y científico.

La sobrevaloración del ser humano, de sus logros, de sus posibilidades y de su trascendencia, no es exclusiva de la religión (que considera la creación como un acto consciente y voluntario de algún ser superior), sino también de colectivos supuestamente ajenos a aquella.

En este sentido y por poner un ejemplo más o menos actual, sorprende ver cómo se achacan al ser humano todo un cúmulo de desastres pasados, presente y futuros, pretendiendo que la acción humana puede influir en la naturaleza de una forma relevante.

En el fondo, este pensamiento sigue el esquema religioso, Dios crea al hombre y a la naturaleza, pero el hombre es malo y entonces recibe un castigo; más de lo mismo, la historia de la Biblia revestida de ecologismo y progresía.

Desde mi punto de vista hay que mirar las cosas de otra manera. No hay ningún dato objetivo que permita afirmar que la raza humana, visto ello desde un punto de vista general,  tenga una misión más importante que una ameba o un ficus en hacia donde quiera que se dirija lo que llamamos “vida”.

Este concepto no es nuevo, es el que defiende, por ejemplo y de alguna forma,  la simbiogenésis la cual, simplificando enormemente, vendría a sostener que el ser humano (y muchísimas otras cosas) no son más que una asociación de bacterias que buscan la eficiencia.

Pero esto es farragoso, lo que me interesa destacar, es que el ser humano y su civilización, lejos de ser el zénit de la evolución o la especie destinada a dominar y entender el Cosmos, no son más que una etapa  en el logro de estos propósitos que, dicho sea de paso, estoy convencido que ya han conseguido anteriormente  otras especies y seres en el Multiverso y que están ahí sin que podamos verlas.

Considero, además, que los días de la raza humana están extraordinariamente cercanos a su fin.

Seguramente nosotros no lo veremos,  pero tal vez en dos o tres generaciones se consume este desenlace porque, simplemente, ya no seremos necesarios.

Aunque hay discrepancias en cuánto tiempo tardará en suceder, no las hay en aceptar que en un espacio de tiempo de 10 a 30 años, la capacidad de procesamiento de una máquina superará a la del ser humano.

Esto será un punto de inflexión de incalculables consecuencias dado que si una máquina supera en su capacidad al ser humano (disponiendo de un recurso además que no tenemos los humanos como es estar conectada con otras máquinas y sumar recursos y conocimientos) ¿Cuánto tardará esa máquina en tener conciencia de sí misma y diseñar otra máquina mejor que ella misma…..?.

En este escenario (no tan lejano) sí viviremos un extraordinario salto evolutivo difícil de valorar y que además puede ser increíblemente rápido.

Lo cierto es que los seres biológicos, frente a las máquinas, están en clarísima desventaja y, por tanto, desde un punto de vista evolutivo, no tienen ninguna oportunidad, de hecho no tienen razón de ser una vez las máquinas puedan crear réplicas mejoradas de sí mismas y suplir o sustituir la intervención humana.

Será esta la segunda o tal vez la auténtica “creación”. La larga cadena de acontecimientos que llevaron desde las bacterias hasta el ser humano solo tenían ese propósito, crear unos nuevos seres no dependientes de la biología.

No es un concepto nuevo, muchos estudiosos de la Inteligencia Artificial o del transhumanismo han planteado esta posibilidad, la sustitución de la raza humana por entidades no biológicas

Pero a mi particularmente,  esto no me interesa demasiado ya que lo doy por hecho, por seguro, a menos que se produzcan acontecimientos catastróficos o imprevisibles que trunquen esta evolución.

Acerca de lo que me interesa  verdaderamente teorizar,  es sobre cuál sería la evolución de los futuros seres no biológicos ya que sería estúpido pensar que una vez desaparecidos o inútiles los seres biológicos,  habríamos llegado al zenit de la evolución, ello no es necesariamente así.

Desde pequeñitos hemos estudiado que lo que caracteriza a un ser vivo ya sea plancton, virus o ser humano, es que “nace, crece, se reproduce y muere”.

Es patente que ello está en la base de toda la actuación de los seres biológicos, es decir, los seres biológicos tenemos una razón para la preservación de la especie…la muerte.

¿Pero qué pasa con un ser no biológico que en puridad no muere nunca y que teóricamente, no recibe castigos ni recompensas?

Es decir, ¿cuál  sería  el motivo para que unos seres no biológicos quisiesen continuar activos y permanecer a lo largo del tiempo, o sea, conservarse a sí mismos como individuos o colectivo?.

Se trata de un ejercicio mental muy difícil de hacer porque no podemos sustraernos al pensamiento biológico pero pensemos otra vez, ¿Por qué querría “vivir” y perdurar en el tiempo un ser no biológico?.

De hecho estamos en una contradicción “in natura” lo que no es biológico nada tiene que ver con la vida y si no tiene nada que ver con la vida, lo que es propio de la vida (nacimiento, reproducción y muerte-transformación, no le concierne)

Es posible que en los estadios primigenios de los seres no biológicos y dado que habrían sido construidos por nosotros (ellos o sus antepasados) mantuviesen esquemas humanos tales como el deseo de adquirir conocimiento, de explorar etc. pero  a la larga ¿es esto viable?.

Situémonos, pues, en un  escenario en el que el mundo que conocemos es dominado por seres no biológicos que son capaces de replicarse, repararse y mejorarse y poseen un conocimiento colectivo inimaginable.

Seres infinitamente más capaces que los biológicos para aguantar todo tipo de condiciones y prácticamente no dependientes de nada y capaces de crearlo prácticamente todo pero con una mente no-humana.

Pero la pregunta es ¿para qué seguir existiendo?, ¿para qué desarrollar una actividad determinada?.

Es absurdo intentar contestar a estas preguntas pura y simplemente porque no podemos hacerlo desde nuestra perspectiva humana y, en especial, porque no disponemos del conocimiento  que tendrán estos seres no biológicos.

Cabe suponer que alcanzado un estadio determinado de conocimiento, esos seres hallen motivos y propósitos para su existencia inimaginables para nosotros ya que ni son concebibles ni alcanzables.

Seguramente tendrá mucho que ver con la propia existencia del todo y la nada, su origen y su fin algo, insisto, tan difícil de entender para nosotros como intentar explicar a un virus lo que es la Vía Láctea.

Pero a dónde quería llegar verdaderamente con toda esta disertación es que está más que claro que, de un modo u otro,  tienen mucho más peso y trascendencia en el pasado, presente y futuro de todo lo que existe (y seguramente también de la nada) los seres no biológicos que los biológicos.

Por eso yo de pequeño quería ser bufet,  porque intuí ya entonces que los seres que llamamos inertes o no biológicos son un  estadio superior de la evolución. (vale, me equivoqué porque un bufet es de madera, pero era solo un niño).

Pero  es que además no es tan difícil de entender y aceptar este razonamiento, la vida surge de la “no vida” y tarde o temprano vuelve a ser materia inerte o energía.

O sea, nosotros venimos de los restos de explosiones estelares y tarde o temprano nos convertiremos en energía que a su vez volverá a generar vida que luego evolucionará hacia la “no-vida”.

¿Hasta el infinito?. Desde luego que no. El concepto infinito o eternidad son mera muestra de la incapacidad humana para comprender determinadas magnitudes o conceptos.

Ciertamente el infinito existe como concepto matemático pero niego que exista en la realidad o en el Multiverso nada que sea infinito o eterno, de hecho niego que exista el tiempo como un  factor absoluto.

El tiempo solo es una dimensión y no una ley de la física, ni existe lo infinito ni lo eterno,  dado que eso son conceptos espacio-temporales, debidos a la escasa y deficiente percepción y nulo conocimiento del ser humano de lo que le rodea.

Seguramente, pues, el destino último de cualquier evolución es hacia alguna forma de energía atemporal que no podemos ni imaginar ni comprender pero que, muy probablemente está ahí, rodeándolo todo e impregnando los seres que estúpidamente llamamos inertes y que despreciamos desde nuestra condición humana, increíblemente estúpida pero aún más increíblemente vanidosa.

EL FIN DE LA DEMOCRACIA

Creo, sinceramente, que la democracia ha muerto. No es ninguna novedad, parece evidente que se trata de algo totalmente acabado de lo cual solo queda su representación formal.

A lo que me refiero es que me temo que no tardando demasiado, va a perder incluso eso, es decir, vamos a ir (una vez más) a gobiernos autoritarios.

Y lo que es mucho peor, ni siquiera existe la remota posibilidad de que esos gobiernos sean, al menos, de izquierdas.

Nunca he creído en la democracia. La democracia, ya en origen era un jueguecito de las elites que dejaba fuera a los desfavorecidos lo cual sigue sucediendo, ya que solo pueden permitirse ser demócratas los países más  o menos ricos.

No obstante, hasta hace no mucho, suscribía aquel principio de que la democracia es odiosa pero es mejor que cualquier otro sistema que se haya puesto en práctica.

Pero esto se ha acabado. Ese principio ya no es válido para el mundo al que vamos porque ya no existirá nada de lo “pasable” que tenía la democracia.

Particularmente me gustaría una revolución de arriba abajo, al precio que fuera y que acabase de una vez por todas con el capitalismo y los capitalistas.

Se dirá, con razón, que todos los experimentos de izquierda han fracasado y que han generado gobiernos peores aún que los capitalistas.

Sin embargo, creo que es posible y que sería absolutamente deseable que, huyendo de dogmas, se elaborase una nueva teoría radical de izquierdas que aprendiese de los errores cometidos y recuperase la idea inicial, la idea más bella y más justa de cualquier ideología.

Este es el quid de la cuestión, ¿Cómo se puede apoyar una idea –la capitalista- que ya en origen es perversa?.

Si el mundo perfecto es aquel en el que se protege la propiedad privada sin ningún tipo de límite y en el que se justifica la desigualdad basándose en la libre competencia, apaga y vámonos.

Me importa un bledo el cambio climático

No quiero repruducir una de las múltiples discusiones de Internet acerca de si existe o no existe, si es causado por el hombre o no o si sirven para algo (aparte de engrosar las arcas de las mismas Empresas de siempre que ahora venderán molinos de viento y placas solares) las medidas adoptadas quiero fijarme en otro aspecto de la cuestión.

La cosa va de salvar el planeta pero la pregunta es ¿para quién?. ¿Le servirá algo a los que mañana mueran de hambre, sed, enfermedades varias etc. la salvación del planeta?.

La cosa es muy simple, salvemos el planeta para que LOS DE SIEMPRE y sus hijos sigan difrutando de su cómoda vida, al resto que les den. Y no hablo de mis amigos de la lista FORBES que son EL PROBLEMA sino, en general de toda la Sociedad Occidental.

Quiénes ven (vemos) amenazados nuestra forma de vida estamos preocupados porque se vaya a la mierda. ¿Y el resto de la humanidad, es decir las 3/4 partes cuya vida ya es una mierda?.

Que vergüenza todo esto, estos entretenimientos de los pijos (o sea nosotros) mientras los problemas reales no se abordan, claro, detrás de los problemas reales ni hay dinero a ganar ni hay mantenimiento del "status quo".